Analizamos las características estructurales y constructivas de las casas de Trinidad.
Fundada en 1514 por Diego Velázquez de Cuellar, conserva uno de los mejores centros históricos del Caribe. En 1988 obtuvo el reconocimiento de Patrimonio Mundial por la UNESCO. Es una ciudad típicamente colonial, situada al sur de la isla de Cuba, entre la Sierra de Escambray y el Mar Caribe.
Al principio se construye con palma y barro, a semejanza de como lo hacían los pobladores locales. La mayor parte de las viviendas que se conservan actualmente son del siglo XVIII, que es cuando las construcciones comienzan a realizarse con muros de mampostería. Suelen ser de una sola planta, de gran altura y ventanas generosas que facilitan la ventilación, tan necesaria en un clima tropical. Son muy características las rejas de madera torneada y pintada o las sencillas de hierro.
La mampostería, como analizamos en la entrada Muros tradicionales, en este caso es mezcla de mampuestos y ripios con sillares y verdugadas de ladrillo de barro cocido. Todo ello se reviste de una mezcla de cal y arena y se le aplica una capa de acabado de cal. Los muros son de gran espesor y se cimientan con una zapata corrida de cal y canto sobre el terreno, a veces se apisonado previamente para mejorarlo.
Una vez levantados los muros se organizan las estructuras de las cubiertas, en principio a dos, tres o cuatro aguas, del tipo par e hilera, con varios tirantes en el arranque, o bien de par y nudillo.
El apoyo en el muro es sobre ladrillo o sobre durmientes de madera. Los nudillos, que son unas piezas horizontales a 2/3 de la altura total de la cubierta, forman un plano llamado harneruelo. Sobre este plano y en los tirantes se centran las decoraciones, que en las casas más señoriales llegan a ser muy complicadas y muy características de la arquitectura de Trinidad.
Sobre los pares se coloca el entablado y luego el acabado de teja árabe. Son muy importantes los aleros, que protegen las fachadas de cal de la lluvia, y que van desde los más sencillos de cerámica volada, con las propias tejas en saliente, hasta los más complejos de madera pintada y los de tornapuntas, con sujeciones voladas desde la fachada, una tipología que se repite en todo el oriente cubano.
También bajo los generosos aleros, ayudados de filas de pies derechos, se organizan terrazas corridas a la sombra.
Cuando las viviendas crecen, se amplía el faldón de cubierta con otro menos inclinado, en prolongación, y se abren patios hacia el interior, con construcciones secundarias y de servicio.
Ese faldón se denomina cubierta de colgadizo, y se forma por la prolongación de los pares, con menos pendiente que el faldón original hasta otro muro paralelo a fachada.
Más tarde, en el siglo XIX, se ampliará el número de plantas y aparecerán las terrazas y cubiertas planas, sobre las calles empedradas con los cantos que venían de España como lastre de los barcos.
Sorprende ver hoy como estas estructuras se mantienen sin alteraciones. Es necesario su estudio en profundidad y su documentación minuciosa para conservar y rehabilitar correctamente esta arquitectura vernácula que ha llegado hasta hoy sin intervenciones que la hayan contaminado o desvirtuado.
Fuentes: Tipologías Constructivas en una Ciudad Patrimonio de la Humanidad: Trinidad, Cuba.
Sánchez, F. ,De Julián, J. J.,Ordoñez, A. Revista de la Construcción UP Chile