Hundimiento de aceras perimetrales por apoyo deficiente.

patología constructiva en soleras

Exponemos un problema de hundimiento de aceras perimetrales por asentamiento de la solera en dos viviendas unifamiliares, y la posterior reparación.

El hundimiento de aceras perimetrales es un daño estructural menor y fácil de arreglar pero que podría haber sido evitado si se hubiera advertido el carácter del terreno del relleno.

Una práctica muy frecuente es rodear los edificios exentos de una acera perimetral. Esta acera previene patologías en las bases de los muros a causa del salpiqueo del agua, facilita el tránsito alrededor y remata el encuentro del edificio con el terreno. La estructura de la acera es una sencilla solera, de 15 cm de espesor y un doble mallazo.

Patología constructiva en soleras

Problema detectado

En algunas ocasiones, como la que traemos a este post, con el paso del tiempo el estado de conservación de las aceras es deficiente, a causa de los asientos de éstas al ceder el terreno que las sustenta. En las viviendas que nos ocupan, la estructura del forjado del porche estaba perfecta, pero la prolongación del mismo hacia el exterior con la solera se desprendía, y los pequeños desniveles salvados por escalones montados sobre la solera de resquebrajaban.

Patología constructiva en soleras

Los edificios tienen un sótano que se ha construido con muros encofrados a dos caras. Así, el trasdós del muro ha de rellenarse y compactarse, colocando el correspondiente drenaje e impermeabilización.

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Así se hizo en este caso, se rellenó y compactó el terreno. Para ello se utilizó el propio de la excavación.

Patología constructiva en soleras

La trabazón entre la solera y los muros, consistente en redondos empotrados en el hormigón de los muros de sótano o la prolongación del mallazo del forjado de planta baja en la zona de porches, era lo suficiente para evitar fisuras entre ambos planos de estructura, pero insuficiente para mantener las soleras en voladizo.

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¿Por qué cedió el terreno?

La carga de una acera es mínima, y el asiento se debió a que la solera se apoyaba en una base muy poco firme.

La causa es que el terreno utilizado para el relleno, que procedía de la excavación del sótano era una arena arcillosa. Este terreno húmedo no se puede compactar, ya que se produce un “blandón”, una masa de barro que al golpearse con la rana no evacua el agua, debido al comportamiento tixotrópico del mismo. El fluido, sometido a un golpeo, ofrece una mayor resistencia. El resultado es que no se compacta. Pero nadie en la obra advirtió este defecto. Cuando el relleno se comenzó a secar, perdió volumen, y quedó hueco bajo la solera.

Patología constructiva en soleras

A los pocos meses comenzaron los asientos. La solera se desprendía, se inclinaba, y en su descenso arrastraba revestimientos y provocaba grietas y desprendimientos.

La reparación

La reparación implicó, en primer lugar, la demolición total de las soleras y aceras, un vaciado del terreno inservible para el relleno y la retirada de escombros y tierras.

Como agravante del problema, al descubrir la sección de la solera, parte del relleno tenía cascotes, la solera se había construido con mucho más canto del prescrito (más peso) y el armado estaba desplazado.

Como agravante del problema, al descubrir la sección de la solera, parte del relleno tenía cascotes, la solera se había construido con mucho más canto del prescrito (más peso) y el armado estaba desplazado.

Como agravante del problema, al descubrir la sección de la solera, parte del relleno tenía cascotes, la solera se había construido con mucho más canto del prescrito (más peso) y el armado estaba desplazado.

A continuación, con aportación de arena, un nuevo relleno y compactado, en tongadas pequeñas, para asegurar la correcta resistencia del mismo para el apoyo de las nuevas soleras.

Como agravante del problema, al descubrir la sección de la solera, parte del relleno tenía cascotes, la solera se había construido con mucho más canto del prescrito (más peso) y el armado estaba desplazado.

Para asegurar la estabilidad de las mismas, se introdujeron redondos de acero corrugado en los muros, rellenando los taladros con resina. Se armó la nueva solera, y se encofraron los bordes.

Como agravante del problema, al descubrir la sección de la solera, parte del relleno tenía cascotes, la solera se había construido con mucho más canto del prescrito (más peso) y el armado estaba desplazado.

Una vez terminada la solera se volvió a colocar el acabado y se restituyeron los chapados de los cerramientos, rotos por el deterioro de las aceras iniciales.

Una vez más, el asiento podría no haber sucedido si se hubiera detectado el problema de la compactación en el inicio de los trabajos. Esto no es una cuestión de presupuesto, sino de buenas prácticas en la construcción, algo que casi siempre no va más allá de la lógica, el control de la obra y el buen hacer.

Como agravante del problema, al descubrir la sección de la solera, parte del relleno tenía cascotes, la solera se había construido con mucho más canto del prescrito (más peso) y el armado estaba desplazado.

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